Las crónicas de Gebel

Hace unos días se me ocurrió celebrar, aunque sea por unos instantes, todo lo que Dios hizo en mi pasado; lo cual es bastante raro en mi, justamente que mi vida consiste en mirar hacia al futuro, pero no es menos cierto que si no fuese por aquel pasado, no tendría este magnífico presente.

Si pudiera jugar con el tiempo, regresaría con todo gusto a

 aquella primera campaña del querido Carlos Annacondia en la rotonda de San Martín (Buenos Aires), donde por primera vez conocería de cerca el poder de Dios y a Liliana (..con los años Annacondia iría a apoyarme a todos los Superclásicos y con Liliana me casaría unos cinco años mas tarde).

Regresaría al momento en que un muy joven Pastor Héctor Giménez entraba al camerino donde yo trabajaba como su diseñador gráfico en el mítico teatro Roca para decirme: “Flaco, te animás a predicar?”, al cual inconscientemente le respondería: “Obvio!”, aunque era la primera vez que lo iba a hacer, ya nunca mas dejaría de predicar, hasta el día de hoy (…Así es, fue el conocido Pastor Giménez quien me dio la primera oportunidad y me fogueó frente a unas dos mil personas), siempre le estaré agradecido, aunque no se que pudo haber visto en un muchacho escuálido de 17 años.

Volvería al momento aquel en que un ascendente Pastor Claudio Freidzon, allá por el año 92′ me buscaría entre la multitud de pastores de todo el mundo para decirle a sus asistentes: “Tráiganme a ese flaquito! quiero orar por el!” y luego lo seguiría haciendo cada semana, durante los próximos tres años. Tampoco se la razón por la que Claudio decidió enfocarse en mi.

O a cuando el aquel entonces Presidente de las Asambleas de Dios, Hugo Martínez me miró y dijo: “Aunque me han hablado mal de vos, quiero que trabajes con nosotros, siento que Dios tiene algo especial con tu vida”. Y decidió jugarse por un muchacho desconocido.

Regresaría a la tarde en que el director de una radio en Buenos Aires, el querido David Passuelo, me diría: “Así que no tenés dinero para pagar un espacio en la emisora?, bueno, yo voy a darte el espacio gratis, pero tiene que ser a la una de la madrugada, que es el único horario disponible”, y de ese modo, casi sin saberlo, comenzaría la historia de nuestro ministerio (Pasamos seis maravillosos años en aquella radio, hasta que las cruzadas nos desbordaron)

O volvería a vivir el día en que un empresario que yo ni conocía, me daba los primeros 100 mil dólares para la cruzada en el estadio Vélez, allá por el año 96′. Y gracias a Palito Ortega, salía en las portadas de todos los periódicos al día siguiente.

O la tarde en que el Puma Rodríguez (el cantante venezolano) me llamó a casa, y acto seguido llamó al Presidente Menem y le dijo: “Hazme un favor, Carlos, mi amigo Dante tiene que estar en la televisión nacional” y en apenas un mes salía durante todo un año a todo el país por ATC (canal 7) convocando a cien mil jóvenes al obelisco.

O hace poco, cuando mi querido amigo Montaner llamó a Daniel Scioli (el gobernador de Buenos Aires) y le pidió dos noches gratis el estadio Unico para regresar con el Superclásico. Y en un par de meses estaría cenando en la casa del querido Daniel, planificando el evento mas grande de la juventud.

O hace muy poco, cuando un hombre que jamás había visto en la vida me dijo en Israel: “Tienes que hacer ese programa de televisión que siempre has soñado, y tenemos que hacerlo en Hollywood y con lo mejor que tengamos a la mano, yo voy a ayudarte a financiarlo para que salga en todo el mundo, porque Dios me ha dicho que lo haga!”

En fin, se que lo mejor aún no lo he vivido. Pero mirando hacia atrás, no puedo dejar de celebrar que mi presente se ha forjado con conexiones divinas en mi pasado. Una cadena de favores que comenzó en el cielo y que nunca mas se detuvo; le guste a quien le guste.

Esto va para alguien: “Cuando Dios se empeña en usar a alguien, te conectará con quien menos te imagines, para que lo que El te mostró, sea una realidad. Nunca subestimes una conexión divina, no sabes a dónde te podría llevar”

PD: Ah, por si tenían curiosidad: en la foto, de los que están sentados en el piso, soy el tercero, empezando a contar desde la derecha; en aquel entonces pensaba que sería carpintero como mi padre.



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