La joya de imitación

La joya de imitación Un hombre decidió adquirir un anillo, por lo que se contactó telefónicamente con un Joyero de su ciudad, y le pidió que le visitase en su domicilio. Muy feliz el joyero, ante la expectativa de un buen negocio, tomó un maletín con Joyas y se dirigió rápidamente a la dirección que le habían dado por teléfono.

Tocó nerviosamente el timbre y esperó que le abrieran. Un anciano le abrió la puerta y le invitó gentilmente a entrar al living de su casa, luego de lo cual le pidió que le mostrase las joyas. Habían de todas clases, y de todos los precios. Algunas realmente excepcionales en su belleza. El anciano consultó cuál era la más cara. El joyero orgulloso y feliz, exhibió un anillo precioso cuyo resplandor hasta encandilaba al verlo. Su precio era altísimo, toda una verdadera fortuna.

El anciano sacó el dinero y lo pagó, devolviéndolo a su lugar. Extrañado el joyero preguntó que significa todo aquello. El anciano consultó cuál era la joya más barata que tenía. Sin entender absolutamente nada, el joyero le mostró un anillo de imitación, sin brillo, sin ninguna belleza una burda baratija de imitación. El anciano le dijo: “me quedo con éste”. Aún sin entender nada, el joyero preguntó: “Pero si Ud.

ha pagado el precio de una joya verdadera, la más cara, ¿Por qué opta por quedarse con esa burda imitación de tan bajo precio?” A lo que el anciano simplemente respondió: “Porque simplemente, la quiero”. Si te pones a pensar, fue precisamente lo que Jesús hizo contigo y conmigo.

Pagó un alto precio por alguien que -en opinión de el mundo- no valíamos absolutamente nada. El amor de Jesús es tan grande, que habiendo pagado ese precio tan alto, ha optado por quedarse con lo vil y despreciado. ¡Bendito el Amor de Jesús! Para mi Dios que vive y reina para siempre, toda honra. gloria y alabanza. Bendiciones.



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