Cuidado con quienes te relacionas Dante Gebel

dante gebelQuiero decir que cuando algún hombre de Dios hace algo por mi, tengo una deuda de agradecimiento que no puedo olvidar. Yo no suelo ser el típico “amigo del campeón”, sino que honro la amistad en el mas amplio sentido de la palabra.

Respeto y honro al Dr. Robert Schuller (si, al famoso predicador de los años 70 que hace un año vendió la Catedral) porque fue el único hombre que conocí con una generosidad incomparable para el pueblo hispano. Construyó un enorme campus para los norteamericanos de su congregación y un buen día llamó a Juan Carlos Ortíz diciéndole: “Quiero que uses este campus y esta Catedral para predicar a Cristo, úsalo todo, sin restricciones, todo es tuyo”. Y durante mas de 20 años, todo fue gratuito para que los hispanos llegaran al mundo.

En los tres años que yo estuve allí, JAMAS me puso un condicionamiento o restricción a mi mensaje, al uso del campus, las cámaras y toda la estructura. “Solo predica, crece y llega a millones desde aquí”, me dijo. En un ambiente donde abundan tantos apóstoles egoístas y Pastores que solo velan por su propio imperio y que no comparten ni siquiera un dulce ¿Cómo no voy a honrar a un hombre así? Sea lo que sea que haya hecho, ya no abundan los hombres de ese calibre.

El responderá respecto a su mayordomía ante el Señor, en mi caso solo me resta honrarlo. Dios nunca me pedirá explicaciones respecto a lo que Schuller o cualquier otro hombre de Dios haya hecho con su ministerio o su vida, El solo me preguntará si supe honrar a quien me honró primero.

Respeto y honro al Pastor Héctor Giménez (si al Pastor de Argentina de aquellas famosas “Ondas de amor y paz”) porque cuando nadie creía en mi ni hubiese dado dos centavos por mi persona, el me dijo: “¿Te animas a predicar?” y me soltó ante una multitud en un atiborrado teatro Roca de Buenos Aires. Yo tenía 17 años, y no me detendría nunca mas. El no me pidió credenciales, ni recomendaciones ni me hizo sentar ante un comité burocrático. Supongo que vio algo en mi, que hasta ese momento nadie había visto. ¿Cómo voy a olvidar o deshonrar a quien fue usado por el Señor para que con los años pudiera afectar a millones? Cada vez que hago un Superclásico en Buenos Aires, nunca olvido de invitarlo y el ha sido amable de asistir en varias ocasiones. Muchos colegas deciden ignorarlo, yo he decidido honrarlo.

Respeto y honro a Benny Hinn por que a través de el y de su libro, conocí una nueva forma de adorar y de acercarme al Espíritu Santo. Porque el mismo, en persona, invirtió horas de su tiempo contándome detalles de su ministerio, su búsqueda de Dios y sus luchas privadas. Porque no tenía por qué hablar conmigo pero me brindó su amistad. Cuando abundan tantos hombres que no te atienden el teléfono o que si se acercan es solo para pedirte algo, ¿cómo no voy a honrar a quien me abre las puertas de su intimidad?

Los que condenan, a los que adjetivizan, a los que denigran escudándose en el “nombre de Dios”, a los que desde un cómodo sillón de una computadora escriben su diarrea verbal en contra de hombres a los que ellos jamás podrán siquiera lustrarle los zapatos, a todos ellos, son los que bloqueamos con gusto en esta página. No bloqueamos a los que piensan diferente y con respeto y ética esgrimen su razonamiento (no hay nada mejor que debatir con altura y respeto!) sino a los que sin la menor educación, destilan su odio, su resentimiento por sus propios ministerios frustrados y por sus grises vidas. El insulto es el homenaje que la envidia le hace al éxito.

A todos mis amigos jóvenes, aquí va este consejo: NUNCA, NUNCA, NUNCA hables mal de un hombre de Dios ni lo insultes o denigres, no toques a los ungidos, así creas que se trata de un Saúl.
No sigas esa corriente moderna de “somos los que denunciamos” porque vas a condenar tu futuro.
En todo caso, si no tienes nada bueno para decir de alguien…no digas nada. Se un David que ni siquiera se atreve a tocar el manto de un Saúl, tan solo por el hecho que alguna vez fue ungido por el Señor.
Denuncia el pecado con todas tus fuerzas, pero jamás uses el púlpito o cualquier otro medio para hablar de un hombre o mujer de Dios.
Valga como ejemplo mi propia vida: desde un humilde barrio de Buenos Aires, Dios me ha dado la providencia de seguirme parando ante multitudes en estadios de todo el mundo, Dios me bendice de un modo sobrenatural en todas las áreas de mi vida y cada día Dios me abre nuevas puertas (algunas son tan grandes y milagrosas que temo contarlas porque no me las creerían!) ; se que es la gracia Divina, pero si me preguntaras tan solo uno de mis principios, te diría este:
Aprendí a honrar a los hombres de Dios. A honrar a quienes me bendijeron, aunque esa honra me cueste ganarme también a los enemigos de quienes estoy honrando.

Detesto aquella filosofía de: “No menciones mas a fulano porque quedas pegado con el…”. Si soy amigo de alguien y no puedo decirlo públicamente, o no soy amigo o soy un hipócrita.
A veces me pregunto: (y Dios no lo permita nunca) si algún día yo mismo cayera de la gracia de Dios…¿cuántos seguirían diciendo que son mis amigos? ¿Cuántos dirían: “No se lo que haya hecho Dante puesto que responderá ante el Señor, pero quiero honrarlo por todo lo que me bendijo en algún momento de mi vida”?…presiento que muy pocos; Dios me mantenga firme hasta que me toque partir de esta tierra!!

Los que me escriben: “Cuidado con los que te relacionas”, tienen el mismo espíritu de los que le decían a Jesús: “No te acerques a ese centurión”, “Cuidado con esa mujer que es prostituta”, “No hables con samaritanos”, “Aquel hombre es inmundo”. Gloria a Dios que Jesús vino a darle lugar a los refugiados, a los indigentes, a los pobres, a los mendigos, los leprosos. A El no lo llamaban amigo de Roma, sino amigo de los pecadores.

En fin, ya lo dijo aquel predicador: “Los cristianos somos el único ejército que no solo abandona sus heridos, sino que también se ocupa de que queden bien muertos”



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