Amando a la iglesia


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Por Patrick B. Regalado

Un pastor a cargo de la construcción de una comunidad de fe y de grupos pequeños piensa que es importante que las iglesias den buena impresión a los visitantes o invitados que llegan por primera vez.

El pastor Ben Reed de la Iglesia de Saddleback en California dijo que una iglesia puede funcionar si las personas fueran sus anfitriones y el resto de la congregación fuera cuidadosa con las palabras que utiliza. Recuerde que las “palabras importan”.

Creo que muchas veces nos olvidamos que la experiencia de la adoración comienza en el estacionamiento, no cuando nosotros los pastores pisamos el escenario o el púlpito. Podemos poner tanto esfuerzo y tiempo en la elaboración del servicio, un culto perfecto, sin importarnos que perdamos a los que nos visitan. Muchos de los que asisten a nuestros servicios por primera vez se llevan impresiones equivocadas. Si no pensamos intencionalmente acerca de cómo vamos a servir a los invitados que vienen por primera vez, luego los vamos a extrañar.

El Evangelio es el mensaje más grande en la historia del mundo, por tal motivo hay que aprovechar la oportunidad desde el momento en que alguien entra por la puerta del templo. El Pastor Rick Warren, en su libro “Iglesia con Propósito” nos dice que el ministerio de Jesús tenía una cualidad magnética; es decir, Él atraía a la gente y la gente lo seguía, por las razones que fueran, pero lo seguían de buena gana. Un ministerio parecido al de Cristo todavía atrae a las almas y a las multitudes, sin hacer tanto sacrificio, tantos eventos, tanta bulla, tanto truco. Solo haciendo lo que hizo Cristo.

Saber tratar a las personas de la forma en que Cristo lo hizo.

¿Qué atraía a aquellas grandes multitudes al ministerio de Jesús? Él hizo tres cosas importantes con las personas. Solo tres cosas:
* Los amó demostrándoles compasión. (Mateo 9:36)
* Determinó satisfacer sus necesidades. (Mateo 15:30, Lucas 6:17-18)
* Les enseñó con pasión la Palabra de manera práctica e interesante. (Mateo 13:34, Marcos 10:1; 12:37)

Estos mismos tres ingredientes atraen a la gente en el día de hoy cuando son traídas a la iglesia. A continuación estudiaremos de manera práctica y sencilla estas tres grandes verdades:

1 – Jesús amaba a las personas.
Jesús amaba a los perdidos y le gustaba pasar tiempo con ellos, y esto era lo que precisamente hacía crecer a las multitudes que le seguían. Jesús asistía a sus fiestas y lo llamaban “amigo de los pecadores” (Lucas 7:34). Era cuestionado por los líderes “santos y religiosos”, pero a Jesús eso no le importaba, Él venía a salvar a los pecadores y no a los “justos”.

La gente podía sentir que a Jesús le encantaba estar con ellos. Él lo expresaba con sus gestos, sus emociones, sus palabras y sus acciones. Él amaba a todos y a todos recibía. Los niños pequeños querían estar cerca de Él, lo cual dice muchísimo de qué clase de persona era. Los niños tienden a inclinarse instintivamente hacia las personas amorosas que los aceptan.

2 – Creando una atmósfera de aceptación.
Las plantas necesitan el clima apropiado para crecer y lo mismo sucede con las iglesias. El clima apropiado para el crecimiento de la iglesia es una atmósfera de aceptación y amor.

Las iglesias que crecen aman, las iglesias que aman crecen.
Este principio es pasado por alto, pero en realidad para que tu grupo de alcance crezca y la iglesia crezca ¡debe mostrarse agradable con las personas que les visitan!.

Una de las tantas razones del por qué mucha gente de la comunidad no visita la iglesia es porque los miembros de la iglesia no son amigables con los visitantes. Pareciera que los visitantes no encajan, se sienten extraños como seres de otro planeta, y los miembros apenas ‘medio’ los saludan y nada más, o más bien, ni siquiera les dan importancia. Mucho antes de que el pastor empiece a predicar, tales visitantes ya están decidiendo en su corazón no volver jamás.

Para lograr que la gente acuda por primera vez a la iglesia y continúe asistiendo, hay que impactarlas. Hay que impactarla expresándole el amor de una manera práctica y sincera, es decir, interesándose por ella, por el joven, por el niño, por el anciano. Así que, salude a todos, no se “clave” en su silla con cara de afligido, sonría, levántese y ofrezca una gran sonrisa al visitante o invitado. Una palabra de bienvenida llena de gozo alienta a la gente, expresa que el lugar en que usted se congrega es un lugar muy especial, donde está la presencia de Dios y que esa presencia está en usted. De seguro volverán.

3 – Los líderes deben ser amorosos.
Los líderes de una iglesia, empezando por los pastores, son los que establecen el tono y la atmósfera de la congregación. Si usted es un servidor de su congregación y desea conocer cuál es el grado de amor en su iglesia, póngase usted mismo el termómetro en su propia boca. Un comportamiento frío y la falta de amor personal del liderazgo en una congregación, virtualmente garantizan que los visitantes no volverán otra vez.

Conclusión.

Aceptación sin aprobación. Para poder amar a los inconversos incondicionalmente las personas deben entender la diferencia que existe entre aceptación y aprobación. Como cristianos, hemos sido llamados a aceptar y a amar a los incrédulos sin que aprobemos su estilo de vida pecaminoso. Jesús hizo esto cuando mostró su aceptación y amor a la mujer samaritana en el pozo, sin aprobar su vida licenciosa. También comió con Zaqueo sin aprobar su deshonestidad. Ellos necesitan la transformación que solo Jesús puede proveer. ¡Hasta la próxima!

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