Arrepentimiento, de que se trata


arrepentimiento, de que se trataUna palabra que imparaca pero que cada día va perdiendo valor, Sergio Gebel nos trae este estudio sobre que se trata el arrepentimiento.

“Porque el dolor que es según Dios, obra arrepentimiento saludable, de lo que no hay que arrepentirse, más el dolor del siglo obra muerte” (2 Corintios 7:10).
En efecto, la tristeza según Dios produce firme arrepentimiento para la salvación, mas la tristeza del mundo produce la muerte” (Versión Biblia de Jerusalen).

Hay un dolor (una tristeza) según Dios (obrada en el corazón por convicción de pecado) y luego hay un dolor humano que no conduce a nada.

El asesino que violó y mató, luego llora y se lamenta, el borracho que le golpea a la mujer, con lágrimas le pide perdón y promete nunca más hacerlo, y la escena se repetirá una y otra vez. (Y la mujer le cree).

El dolor “según Dios” te conduce al arrepentimiento saludable, ¿que significa este sentimiento?, básicamente pesar, dolor y tristeza por lo hecho, por el mal cometido o causado.

Cuando el hombre comienza a justificarse, a argumentar y buscar excusas, está claro de que en su corazón no hay arrepentimiento.
El adúltero sorprendido en su pecado dice: “Mi mujer no me cuidaba”…”No me brindaba atención” o alega: “Soy hombre y esta mujer me buscó”…Dice la mujer engañada: “Mi marido es hombre y ella tiene la culpa, le buscó”…”ella se le regaló,

¿Que podía hacer?”

Suelen decir: “Yo no era feliz”…Como si cualquiera de estas cosas fuera un tipo de “permiso” para el engaño, la mentira y la infidelidad.

Las excusas nunca son parte de un arrepentimiento sincero.

Esto sucedió en el principio de la historia de la humanidad, cuando Dios encuentra a aquella primera pareja que acababa de desobedecer, El preguntó para Adán, y el, le respondió: “…la mujer que me diste por compañera, me dio del árbol y yo comí”. (Génesis 3:12-13). Indirectamente le culpó a Dios por darle una compañera equivocada. Y cuando le preguntó a la mujer, nuevamente surgió la excusa: “…la serpiente me engañó, y comí.”

Menos mal que Dios no continuó preguntando ¿Que hubiera respondido la serpiente?.

Se imaginan que diferente hubiera sido la historia humana si aquel primer hombre le hubiera respondido a Dios diciendo: “Yo comí, yo te desobedecí, perdóname!”.

Esta constante argumentativa después del pecado, se repite en la historia del fracaso de grandes hombres de Dios.
Buscar a quien culpar: “Mi esposa no me ayudaba”…”No me acompañaba” esto alcanza para justificar un adulterio vergonzoso.
Culpar a la Iglesia, a los pastores, a veces cuando dejan de congregar o caen en pecado : “No tienen amor de Dios”…”No tuve contención”…”El pastor me maltrató”…”Los hermanos me hicieron de lado”.

Estas excusas o “descargos” son aquellas “hojas de higuera” con las cuales Adán y Eva trataron de ocultar su desnudez.
Nunca un cristiano debiera olvidarse que delante de Dios todos estamos “desnudos”, Dios conoce cada uno de nuestros pasos y las motivaciones detrás de esos pasos.

¿Vale la pena tratar de tapar lo que no se puede tapar?.

Siempre que toco estos temas me recuerdo a David, los pecados de David fueron de los más horribles que un hombre creyente pueda cometer, codicia, adulterio, conspiración, mentira, engaño y homicidio (Como autor intelectual), sin embargo fue restaurado completamente, a diferencia de su antecesor Saul que Dios desechó, y terminó atormentado por un espíritu malo y suicidandose.

La diferencia entre uno y otro fue que cuando David fue confrontado por el profeta Natán, el admitió: “Yo he pecado”, no hizo ningún descargo, ninguna mentira, ningún argumento para deslindar responsabilidad. “YO HE PECADO”.

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