Como hacer que Lucas Leys y Dante Gebel se retiren

Se encontraban descansando bajo la sombra de un árbol, sentados cada uno en su vieja y cómoda silla mecedora. Llevaban mantas en las piernas, anteojos en su rostro y cada uno con una gorra de un color ya gastado, típico en personas de su edad, Conversan sobre tiempos pasados, hablan de sus viajes, de los lugares que conocieron, de los líderes que admiraban, de sus esposas que pasaron de ser hermosas mujeres a ser adorables ancianas al igual que ellos. Uno cuenta de la emoción que era realizar cada Súper clásico: el prepararse, el ver a la multitud. El otro habla de lo difícil que resultó que América Latina comprendiera la importancia de preparar nuevos líderes. Los dos viejos descansan mientras esperan que llegue un tercer amigo: aquel viejo regordete medio controversial. Juntos compartirán una taza caliente de chocolate, contentos de haber cumplido su misión en esta vida, y comentaran de lo que han dejado atrás…

Quizás esto nunca ocurra. Hoy ocurre al escribir este articulo e imaginarme a Lucas Leys, a Junior Zapata y a Dante Gebel, recordando cosas, ya viejos en un asilo. ¿Por qué lo imagino así? Porque pienso en la importancia de que una generación tenga modelos a seguir, líderes y pensadores, gente de influencia, como ellos. Es que la iglesia no se escapa de tener estos modelos y líderes que con sus ideas han marcado en mas de alguna ocasión la mente y corazón de un raquítico adolescente como algún día fui yo.

Desde adolescente vi desfilar predicadores invitados por las tarimas de eventos y congregaciones; fui como cualquier otro que fue de evento en evento tratando de encontrar un lugar en este universo ministerial que se ha vuelto competitivo y voraz en muchos sentidos.

Ahora bien, aunque reconozco la importancia de los líderes continentales en la iglesia, (porque no podemos negar que hombres como Marcos Witt, Harold Caballeros, Dante Gebel, Junior Zapata, Lucas Leys, Alberto Motessi y, por supuesto, Luis Palau, han influenciando a las generaciones pasadas, actuales y futuras de la iglesia) hoy quiero señalar unas cuantas necesidades y quizás por qué no decirlo, errores en los que hemos caído.

Tengo varias preguntas: ¿Quienes son los líderes de esta generación? ¿Serán estos que hoy imaginé ya viejos?, o ¿serán los iconos culturales, esas estrellas de cine enflaquecidas que definen las medidas de imagen de millones de adolescentes? A lo mejor, ¿Serán los conferencistas con sus altos standards de vida? O, ¿Serán los de dudosa reputación y comportamiento destructivo que llenan las portadas de revistas?

Es que si al darnos cuenta de que los líderes de nuestra generación son estos capacitadores, escritores, cantantes, curas, entrenadores, conferencistas, predicadores y pastores, pero al mismo tiempo vemos el retrato completo de la misma generación latinoamericana, cuyas cifras de sus problemas son alarmantes, cabe preguntarnos si realmente hay una influencia significativa o sólo un buen manejo de medios y una impecable organización de eventos.

Ahora bien, si estos referentes nuestros no constituyen influencias continentales, al menos no en el impacto que una cultura necesita, ¿quiénes son la esperanza de esta generación y las venideras? ¿Quién debe orientar y hablarle al oído a cada adolescente que hoy esta tomando decisiones equivocadas?

Al pensar esto sugiero en atrevida e insolente opinión algunas cosas.

1) Reforzar las filas: capacitar y entrenar a la iglesia local, pero que cada congregación se preocupe por incrementar sus conocimientos. Pastores generales compartiendo la carga con los pastores y líderes juveniles no es tarea fácil. Reforzar las filas implica una decisión de cambiar estructuras, de dejar a un lado egos y comprometerse con los quince o veinte revoltosos que se juntan cada sábado en la iglesia; comprometerse a acompañarlos en su camino hasta que logren convertirse en gente de influencia, en áreas como la política la medicina, la ciencia, el arte. Es tarea de la iglesia local estudiar y aprender las formas de comunicarse con esta y las futuras generaciones.

2) Dirigir nuestros esfuerzos: encontrar el norte correcto para cada ministerio. Comprender que el mejor predicador para los jóvenes a mi cargo debo ser yo, implica mejorar en mi predicación, mejorar en mi forma de aconsejar, mejorar las actividades que hago, pero principalmente mejorar la forma de instruir discípulos.

3) Equilibrio: encontrar el equilibrio entre la formación espiritual y el crecimiento integral. Dejar de crear jóvenes espiritualmente fuertes pero socialmente desadaptados, como también, dejar de formar mentes tan abiertas que nieguen los mismos cimientos de la fe.

4) Compromiso: Entender que el pastor de los jóvenes es QUIEN LEE ESTO, quien lo comparte o quien sea que Dios tenga frente a un pequeño o grande grupo de jóvenes, comprometerme a dar de mi tiempo, mi dinero, mi esfuerzo, mis ideas y convertirlas en nuestro dinero, nuestro tiempo, nuestras ideas, formando a otros con la misma pasión y deseo de servir.

5) Humildad: Jesús siendo el único que merece ser exaltado nos mostró humildad, sirvió a otros, lavo nuestros pies, dejo su trono de grandeza, para sentarse en la bajeza del corazón humano, como dijera alguien, “halla en nosotros este mismo sentir, y pensemos en humillarnos” dejemos a un lado los delirios de grandeza, que se nos quite el complejo de Mesías, por que Salvador el mundo solo necesita uno, JESUS.

Así, pues, hacer que se retiren Lucas, Dante y Junior no es tarea mía, ni de alguien que lea esto, pero el hecho de que la iglesia local haga su trabajo y sirva a cada congregación con la excelencia con la que tipos como estos hacen las cosas, así dejarán de ser indispensables, para convertirse en únicamente imitables. Somos cada uno de nosotros los llamados por Dios; no hay llamados clase VIP, ni ministerios clase “Gold”. Jesús nos dio el mismo mensaje, la misma tarea. Es hora de descubrir cual es nuestra forma de cumplirla y dejarnos de cualquier excusa que nos lo impida.

AUTOR: allan salinas

http://bitacoras.com/anotaciones/como-hacer-que-lucas-leys-y-dante-gebel-se-retiren/3895522

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