Solo para campeones


dantegebelEstaba pensando cómo se agradece tanto sin caer en lugares comunes, hasta que decidí que iba a escribir con el alma, como salga.

Desde aquella primera vez que me paré en el escenario del estadio Obras en el 95, hasta Diciembre de 2005, fueron diez años extraordinarios, sin pausa, vertiginosos. De esos que uno no tiene tiempo de detenerse a pensar demasiado, porque la agenda y los planes de Dios te superan y te pasan por arriba.

En está década, hemos atravesado momentos muy difíciles, de esos que no se ven en un escenario, y también hemos soportado críticas injustas, la mayoría inmerecidas. Pero pesó mas el lado bueno, el apoyo de cientos de miles de jóvenes a los que les importó un cuerno las denominaciones, las guerras territoriales, los apostolados, y la religión organizada que se empeña en explicar lo que no resiste el menor análisis: el toque milagroso de Dios sobre la juventud.

Me cuesta comprender qué motiva a alguien a juntar dinero durante todo un año para subirse a un ómnibus y viajar hasta Buenos Aires. Qué mística inexplicable logra que alguien acampe bajo una improvisada carpa toda la noche, sólo para que después lo apretujen contra la valla del escenario.

Qué hace que alguien espere doce horas de pie o qué motiva a la gente de lugares tan lejanos como Jujuy o Ushuaia a venirse a dedo, con la incertidumbre de no saber cómo va a regresar. Cómo se aguantan dieciocho horas arriba de un micro, sólo para hacer una eterna fila frente al estadio. No hay explicación racional. Es el Señor quien les provoca esa sed inexplicable, esa desesperación por hacer semejante locura.

No piden entradas especiales, no llaman preguntando cuándo va a terminar el espectáculo, ni quienes van a participar en el escenario. Sólo vienen sabiendo que seguramente Dios preparó algo especial para ellos, y eso no deja de conmoverme.

En lo personal, tenemos otros planes por delante, que estoy seguro van a ser mucho mas grandes y sorprendentes, pero lo que ha ocurrido hasta ahora, ha marcado mi vida de manera profunda. Son diez años de cientos de caras, miles de brazos extendidos, millones de sueños. A algunos los he encontrado a la vuelta de la vida, en algún lugar del mundo, viendo como aquellos sueños se hacían reales. A otros, quizá me los encuentre, o solo me tenga que conformar con oír lo que Dios hace a través de ellos.

Digo, en medio de tantos mediocres que dicen estar marcando la historia, sería muy bueno seguir escuchando a esos miles de invisibles que Dios está levantando a diario, en los lugares más recónditos de nuestra América.

Dios no se resiste a usar a alguien que es capaz de viajar veinte horas para escuchar un mensaje. Alguien que puede estar parado por más de diez horas, muerto de sed y cansancio, es también alguien que potencialmente puede dar vuelta a la Nación como una media.

Gracias por estar. Gracias por venir. Gracias por el esfuerzo. A los verdaderos dueños y protagonistas del Superclásico de la Juventud, vaya mi más sentido y sincero homenaje.

 

Agradecimiento de Dante Gebel

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