El hombre llamado


llamados por diosDios no llama gente preparada, el prepara a los que llama.
El hombre llamado de Dios no busca reconocimiento o ser conocido, no le interesan los títulos o credenciales, no está pendiente de cuidar su imagen o reputación, (Dios se la cuida) y siempre está dispuesto a realizar las encomiendas más absurdas, o las más irracionables que parezcan, y las menos meritorias.

A Ezequiel Dios le pidió ir a predicar en un campo santo a una montaña de huesos secos, el ni siquiera puso una sola objeción, ¿Que resultados tendré?…¿Habiendo tantas almas perdidas como voy a perder mi tiempo así?…¿Es absurdo predicarles a quienes no pueden oir?. ¿Es irrazonable?. (Ezequiel 37).
A jeremías Dios le mandó cargar un yugo, comprarse un cinto de lino dejarlo pudrir y luego colocárselo, ir a la casa del Alfarero y ver su trabajo, comprarse una vasija de barro, comprarse una olla y ponerla vacía sobre el fuego.
A Oseás Dios le mandó casarse con una prostituta que le iba a engañar y se iba a ir de su lado tras de sus amantes.

El hombre llamado va donde nadie quiere ir, hace lo que nadie quiere hacer y dice lo que nadie quiere decir.
Nunca se siente calificado para la tarea encomendada, apto, capacitado, o merecedor.
Dijo Isaías al ser llamado: “Ay de mi, que soy muerto porque soy hombre de labios inmundos” (Isaías 6:5).
Jeremías: “¡Ah, Ah Señor Jehová!, He aquí, no sé hablar, porque soy niño” (Jeremías 1:6)

Moisés: “¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tu hablas a tu siervo, porque soy tardo en el habla y torpe de lengua”, “¡Ay Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar” (Éxodo 4:10 y 13).
Salomón cuando asume su reino: “Ahora pues, Jehová Dios mio, tu me has puesto a mi tu siervo, por rey en lugar de David mi padre, y yo “soy un niño pequeño” (“Tierno rey”, otra versión) y no sé como entrar ni salir” (1 Reyes 3:7)
Nunca busca un cargo o una responsabilidad, las responsabilidades le buscan a el, no se “ofrece” es “llamado”, y cuando somos llamados no necesitamos enviar los currículos.

Saul ungido Rey, se escondió entre los bagajes y no lo podían encontrar el día de su coronación. (1 Samuel 10:21-22).
El hombre “llamado” sabe que es llamado, no tiene dudas jamás en ese aspecto y aunque rehuya la responsabilidad sabe que no podrá resistirse ni huir, ¿Por que? Porque le sucede como a Jeremías: “Y dije: No me acordaré más de El, ni hablaré más en su nombre, no obstante, había en mi corazón, como un fuego ardiente metido en mis huesos; Traté de sufrirlo y no pude” (Jeremías 20:9).

El hombre llamado tiene dos cosas que le identifican, la vocación y la pasión.
Le pone tanto esmero, dedicación e interés a una sola alma como a una multitud, predica y sirve a Dios con la misma excelencia cuando tiene tres o cuatro que le escuchan bajo la sombra de un árbol, que cuando se tiene que parar ante una cámara de televisión o un estadio ante miles.
El va como sea, caminando, con frío, con hambre, cansado con plata o sin ella.
No hace prosélitos para si mismo, no le interesa que aparezca su nombre, o su foto, si es necesario mengua para que Cristo crezca.

No busca aplausos ni popularidad, y si decir lo que debe decir le significa una “lluvia de piedras” lo dice sin titubeos, Esteban: (Hechos 7: 57-58) “Entonces, ellos dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra el: Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon…”

“Pues ¿Busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, NO SERÍA SIERVO DE CRISTO”. Galatas 1.10.

Por:  Sergio Gebel

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