Los que pretende ayudar a Dios


ayudarMuy impresionante este estudio que nos presenta el Pastor Sergio Gebel.

Si cascas el huevo de un pollito que está al nacer y lo ayudas a salir de adentro, es muy posible que la pequeña ave no sobreviva, el necesita trabajar para romper el cascarón y salir por si mismo, esto activa su cuerpo, sus pulmones, patas y alas. Cuando la mariposa lucha para emerger de su capullo, si alguien le ayudase a salir nunca volaría, sus alas se atrofiarían, el gran esfuerzo que realiza es la etapa final de su desarrollo y sumamente necesario para poder luego volar.
Así el niño que nace necesita llorar para expandir sus pulmones y comenzar a respirar.

Muchas veces el querer “ayudar a Dios” solo lo arruina, siempre pregunto cuando predico sobre el “hijo pródigo”·(Lucas 15:11-32). Si alguien le daba de comer y lo vestía, cuando apacentando cerdos tenía hambre y le faltaba, ¿hacía bien o mal?, ¿Ayudaba o arruinaba lo que Dios quería lograr?. Seguro lo echaba todo a perder, el necesitaba llegar “al fondo” para volver en si, (verso 17) y recapacitar y tomar una decisión.

Te darás cuenta ¿Cuantos andan por allí ” arruinando lo que Dios está haciendo?.

Cuando no estamos queriendo “darle una manito a Dios”, pretendemos “mejorar” lo que El ha hecho, manipulamos la genética, creamos nuevas especies, (Casi nos alimentamos totalmente con productos híbridos), modificamos su creación, cambiamos los cursos de los ríos, inundamos valles y volamos montañas, hemos cambiado hasta el clima de nuestro planeta.

Pero esto se hace más notable en el aspecto humano, las leyes recientemente aprobadas en países emergentes de “Casamientos igualitarios”, donde personas del mismo sexo pueden casarse y acceder a los mismos derechos que los matrimonios tradicionales, tienen cierta base en que algunas personas nacieron “En un cuerpo o con una sexualidad equivocada” (Había que reparar ese “error de Dios”).

Las tendencias y modas establecen ciertos parámetros de belleza, y no se duda en acudir a lo que sea para “ajustarse” a esas demandas.

Aquí en Argentina una joven de 19 años, mediática y popular (Muy bonita a mi criterio) se sometió a varias cirugías para modificar su cuerpo y rostro, se operó pómulos, labios, ojos, nariz, busto, cintura, cola, y pantorrillas, resultando un tipo de “muñeca Barby”. (Una especie de Frankestein moderno).

Queriendo “mejorar” la creación de Dios modificamos nuestro color de cabello, el color de nuestros ojos, las uñas, insertamos en el cuerpo toda clase de accesorios, hombres y mujeres se someten a todo tipo de cirugías, sufrimientos y aún riesgo de vida, (Muchas mujeres fallecieron en las cirugías), para tener un busto de mayor medida o labios más sensuales, para ocultar nuestra verdadera edad, o simplemente porque no estamos conformes como hemos sido diseñados de Dios.

El moreno quiere ser rubio, la rubia quiere ser morena, si su cabello es encrespado se lo hace planchar y si es lacio se lo encrespa, la que tiene mucho busto se quita, la que tiene poco, se agrega y quién tiene nariz aguileña se la quiere quitar y otros se la envidian. (Le da carácter dicen).

Siliconas, botox, lipo aspiraciones, liftings, tatuajes, hilos de oro, aplicaciones de todo tipo de productos para lograr levantar los pómulos o párpados, para reducir o aumentar alguna parte de nuestra humanidad, postizos, extensiones, tinturas, piercing, en verdad no alcanzaría a enumerar todas las variantes, (alguna se me olvidaría).

Es indudable muchos piensan que pueden “mejorar” la creación de Dios y no se dan cuenta cuanto la arruinan, (Como la mariposa que ya no podrá volar) pierden la naturalidad, la armonía, el equilibrio de su cuerpo con su edad biológica, porque hay solo una belleza verdadera y es la que sale de la mano del Creador y luego está la otra, “la artificial”, “la que pretende”, “la que no dura”, la que armamos los hombres y se rige por “las modas y las vanidades”.

Mis hijas (dos de ellas trabajan en medicina) y una me contaba que asistía a una anciana que finalmente murió (estaba en terapia), muy viejita y enferma, su cuerpo se había deteriorado y consumido, solo piel y huesos, pero casi irónicamente dos bustos de siliconas firmes emergían de ese maltratado cuerpo, casi una ironía.

“Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastes 1:2).

No debiéramos los Cristianos regirnos por “tendencias” y modas, como Pedro enseñaba: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato (adorno) de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3:3-4)

autor: Sergio Gebel

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