Altar privado


Eorandol hombre llamado de Dios a un ministerio tiene que conseguir en el altar de la oración, en su consagración con su Señor, inmunidad contra tres poderosos enemigos que le enfrentaran toda su vida.
Los mismos han sido la causa de la derrota de Reyes y profetas, de Sacerdotes y nobles, muchos predicadores multitudinarios doblaron sus rodillas delante de ellos.

Alguno de estos tres tuvieron que ver con la caída y los fracasos de un Coré, Balaam, Samsón, Saúl, David, Salomón, Judas y otros.

Muchos piensan que el enemigo únicamente se centraliza en satanás, o en los demonios, que solo debemos cuidarnos de los espíritus, creo que hoy en el escenario del mundo moderno estos enemigos antiguos se han hecho imbatibles para muchos.

Cuando recién comencé a servir a Dios hace más de cuatro décadas un siervo de Dios me supo advertir sobre ellos, y nunca los he perdido de vista, conocerlos me ha librado para ponerme a salvo. (Quien conoce su enemigo pelea con ventaja).

Hoy con mucho dolor tenemos que ver sucumbir a su fuerza a grandes hombres de Dios, referentes de la Iglesia Cristiana, que fueron llevados cautivos por su fuerza arrasadora.
Sus nombres: “Dinero”, “Sexo” y “Poder”, ya nuestro mundo secular cayó bajo sus dominios, y la Iglesia no está fuera de sus planes de conquista.

El dinero, es necesario (todo se mueve con el) pero la ambición por el dinero, la avaricia pierde a los hombres.. Pablo decía: “Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6:10). ¿Que del texto es este tiempo que reza?: “Así que teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (Verso 8)…

El Sexo, quebró el voto de consagración de un poderoso varón de Israel llamado Samsón y lo convirtió en “juguete” de sus enemigos, ciego, encadenado y ya sin fuerzas era burlado por quienes el había vencido antes. Cuantos hombres santos fueron quebrados en relaciones ilícitas con una secretaria o una “hermana” de su congregación, grandes ministerios han caído como delante de un poderoso gigante, la sexualidad es maravillosa y dada de Dios para disfrutarla en el marco del matrimonio, el sexo no tiene nada de malo, lo ilícito, la infidelidad, la trampa, la destrucción de los votos matrimoniales, la fornicación en los jóvenes son condenables.

David, varón conforme al corazón de Dios, sucumbió ante sus mieles, y que ¡Alto precio pagó por aquel pecado!.
Y por último el poder, que va de la mano también de la ambición, del orgullo, de la soberbia, la antigua propuesta de satanás sigue en vigencia “Seréis como dioses”, Adán y Eva se la creyeron y desde ahí miles se la creen.
Basta recordar un Amán en los días de Esther, o un Achab y Jezabel su mujer o un Joab (General de los ejércitos de David) Absalom y Adonías (Hijos de David) y tantísimos otros ejemplos.

El poder, la impunidad, la infalibilidad, el endiosamiento del ser humano, alguien dijo una vez: “Quieres conocer el alma de un hombre entrégale poder sobre sus congéneres”.

Los tres son temibles para quien quiera hacer la voluntad de Dios, pero asociados conforman un cóctel explosivo, cuando el hombre de Dios se hace popular y famoso, debiera estar inmunizado previamente para no sucumbir.

Autor: Sergio Gebe

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