Sociedades capitalistas


capitalismoEn nuestras sociedades capitalistas, donde todo tiene que ver con los mercados, las cotizaciones, y las finanzas es muy difícil de abstenerse de las ambiciones y el materialismo despiadado.

Los gobiernos de las naciones, las sociedades modernas, el mundo entero se mueven en estos intereses, y muchas de las revoluciones y guerras están promovidas por esas ambiciones humanas, como dice la Biblia: “El que ama el dinero, no se saciará de dinero; Y el que ama el mucho tener, no sacará fruto…” (Eclesiastés 5:10).

Con las doctrinas modernas de la prosperidad donde pareciera que el evangelio es solo para resolver la situación económica de las personas, cuando alguien no alcanza esos “parámetros” esta bajo maldición, o en el mejor de los casos Dios no le bendice o no está con el.
Para respaldar esos argumentos de “pactos” y promesas de dinero, hasta lo convirtieron en rico al mismo Jesús, y a los apóstoles forzando las escrituras a decir lo que no dicen.
Cuando el Señor mismo declaraba que las “zorras tenían cuevas y las aves nidos, pero el no tenía donde recostar su cabeza”…
Y tenemos por ejemplo un Apóstol San Pablo que declaraba: “Ni plata ni oro, ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mi y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Mas bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:33-35).
Quienes conocen su Biblia saben que el oficio de Pablo era costurero de Tiendas, que para no ser gravoso a las Iglesias trabajaba con sus manos, (En el concepto evangélico actual sería un siervo fracasado). Imagínese un Pastor que trabajaba materialmente para sostenerse.
¿Acaso Santiago también con su congregación no reunía los requisitos del “modelo contemporáneo”?, ya que les dedicaba unos textos de su carta a los hermanos pobres diciéndoles: “El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación, pero el que es rico, en su humillación; porque el pasará como la flor de la hierba” (santiago 1:9-11) (Y está dirigiéndose a hermanos y no al mundo), es decir que en las congregaciones habían hermanos pobres, que Dios un día los exaltaría como Lázaro cuando fue promovido en gloria, y los hermanos ricos debían humillarse.
Dios se compromete a proveernos, a cuidarnos como cuida las aves de los cielos, que no tienen graneros y sin embargo Dios las alimenta, a vestirnos como viste los lirios del campo, pero la ambición por las riquezas, utilizar como “metro” de las bendiciones de Dios cuanto tenemos, es humanismo puro además de una profunda ignorancia de ciertos principios espirituales.

“Porque los que quieren ENRIQUECERSE caen en tentación y lazo, en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y en perdición. Porque la RAÍZ DE TODOS LOS MALES ES EL AMOR AL DINERO, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fuero traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6:9-10).

Creo que muchos debieran releer la sabia y espiritual oración de Salomón: “Dos cosas he demandado, no me la niegues antes que muera: Vanidad y palabra mentirosa aparta de mi; No me des pobreza ni riquezas, manténme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga ¿Quien es Jehová?, o que siendo pobre, hurte y blasfeme el nombre de mi Dios” (Proverbios 30:7-9).

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