Predicadores famosos depremidos


predicadoresNecesitamos tener una vida de liderazgo con estrategia, con una prioridad definida y enfocada. No podemos ser líderes erráticos o tener corazones distraídos como si sufriéramos de hipo espiritual, saltando de un sitio a otro. Necesitamos definir para qué fuimos llamados y qué ministerio queremos construir.

Todos recordamos el caso de Elías al momento de meterse dentro de una cueva con ganas de morirse. Es uno de los tantos casos bíblicos, Jonás podría ser otro, pero Elías es el que mas sorprende porque venía de vivir una gran victoria.

“Allí pasó la noche en una cueva. Mas tarde, la Palabra del Señor vino a el. – Qué haces aquí Elías- le preguntó” (1 Reyes 19:9)

Es notorio que Dios no le dijo: “Qué haces allí”, como si Dios estuviese fuera de la cueva, mirándolo desde afuera, sino que le dijo “Qué haces aquí”, lo cual significa que el Señor estaba con el. Solo que no era el lugar indicado para permanecer.

Esa misma pregunta la he sentido de parte del Señor infinidad de veces.

“Qué haces aquí Dante?”, me ha sucedido durante almuerzos de compromiso, aburridos ágapes pastorales o incluso en la habitación de un hotel, horas antes de predicar en algún congreso. La pregunta conmueve el alma y nos pone a reflexionar acerca de las motivaciones del porqué estamos haciendo lo que hacemos.

Cuando no logramos enfocarnos de manera estratégica, terminamos en el agotamiento que posteriormente conduce a la depresión.

La palabra depresión viene del latín “depressio” que quiere decir “hundimiento”.

Los síntomas son falta de concentración, insomnio, tristeza profunda, falta de motivación, vacío interior, pérdida de interés por las cosas pequeñas de la vida, pérdida de energía, fatiga constante, cansancio, irritabilidad, bajo nivel de productividad, imposibilidad de tomar decisiones importantes, olvidos, dolores musculares y desinterés sexual.

Esta patología puede desencadenar en cáncer, diabetes, y desórdenes hormonales; y ni hablar de los cientos de casos de hombres de Dios que pecaron solo porque se sentían “agotados espiritualmente”, no olvidemos que el lavado cerebral en los campos de concentración se hacían cuando los prisioneros estaban desgastados y quemados cerebralmente, es ahí cuando podían “reprogramarlos” porque sus almas quedaban indefensas.

Si el enemigo no puede detenerte, te sobre activara. Y como dijo un colega: “La falta de tiempo no es del diablo, la falta de tiempo ES el diablo!”

Charles Spurgeon pasaba tres meses al año sin predicar por las grandes depresiones que solía sufrir. En 1866 escribió una carta a su congregación:

“No puedo predicar este domingo, soy objeto de una depresión tan profunda que deseo que jamás les pase a ninguno de ustedes algo así”

Por otra parte, Martín Lutero en 1527 escribió: “Por mas de una semana he estado a las puertas de la muerte y el infierno. El contenido de la depresión es siempre el mismo: en ocasiones pierdo la fe en que Dios es bondadoso y que lo es para mi también”.

En algún punto y al igual que el profeta Elías, estos hombres perdieron la perspectiva correcta del servicio a Dios y se centraron en una vorágine donde la agenda tomó el asiento delantero.

Dante Gebel

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